martes, 10 de febrero de 2009

Fases en el desarrollo industrial

Los contratiempos de la guerra de la Independencia y otras sublevaciones llevaron a un claro estancamiento industrial de 1808 a 1830; a partir de este momento hasta la llegada del bienio progresista (1854-56) tuvo lugar el comienzo de la nueva industria, en especial de la textil y la del hierro, apoyado todo ello por la política arancelaria. En el primer período (1830-1861) se produce el arranque de la industrialización española. El segundo período (1861-1913) y que se inicia con la gran crisis de los años sesenta. Después se produjo un crecimiento fuerte de 1871 a 1875, para disminuir con posterioridad. El crecimiento en los últimos decenios del siglo XIX fue constante, aunque lento. Entre 1831 y 1861 el crecimiento industrial español fue considerable. A partir de este último año experimenta una desaceleración. La misma debe relacionarse con la frustración de las expectativas levantadas por las inversiones realizadas en la década (1854-1864), especialmente las inversiones ferroviarias. El fracaso de dichas inversiones estuvo relacionado con la limitación que suponía lo reducido del mercado interior.

Lo mismo puede decirse de la dependencia provocada por las grandes aportaciones de capitales franceses e ingleses a la economía española, que resolvieron la escasez de capitales que dificultaba el desarrollo español. Gran Bretaña fue el principal proveedor español de maquinaria, bienes de equipo y combustible y constituyó el principal mercado de nuestros productos mineros y metalúrgicos. En definitiva, las economías francesa e inglesa funcionaron como motor para la industrialización española; cuando estas economías ralentizaron su crecimiento, especialmente a partir de 1873, la economía española, dada su dependencia, se resintió gravemente.

Características de la estructura industrial española

En 1848 comienza a funcionar el primer alto horno de coque, y en 1855 se funda la sociedad Maquinista Terrestre y Marítima, dedicada a la industria mecánica. El proceso de industrialización va unido a una concentración geográfica intensa. En el norte se ubicará la industria del carbón, del hierro y del papel. En Cataluña la industria textil, atrayendo gran cantidad de inmigrantes.

DESARROLLO DEL SECTOR TEXTIL

El crecimiento de la producción agraria en el XVIII y la elevación de precios agrarios posibilitó la acumulación de capitales, que en muchos casos serían invertido en la creación de fábricas de “indianas” (nombre que recibían los tejidos de algodón). El desarrollo de esta producción fue posible por la protección que los fabricantes obtuvieron de la Corona. La prohibición de importar hilados y tejidos de algodón reservó el mercado interior a los fabricantes catalanes. Más adelante consiguieron también el control del mercado colonial a cambio de proveerse con materia prima producida en las colonias.
La guerra de la Independencia supuso un duro golpe para esta industria. Además durante este período la pérdida de las colonias continentales privó al sector de importantes mercados.


La modernización del sector lanero

Al margen del sector algodonero y dentro del textil, durante el siglo XIX se produjo también la modernización del sector lanero.
Al final del período 1900 habían emergido dos grandes núcleos de la industria lanera: Sabadell-Tarrasa.
La concentración en Sabadell y Tarrasa es consecuencia de una localización privilegiada: el ferrocarril facilitaba el acceso a los puertos cercanos. Además se solucionó el problema del abastecimiento de materia prima mediante la creación de un depósito de lanas en 1871

LAS DIFICULTADES PARA EL DESARROLLO DE LA SIDERURGIA

El desarrollo de la siderurgia en España estuvo condicionada hasta fines del siglo XIX por las limitaciones de la demanda, que se da básicamente en tres sectores: sector agrario, industria y sector transportes.

La demanda: componentes y evolución

1. La demanda del sector agrario: Las desamortizaciones permitieron poner en cultivo nuevas superficies. Fue necesario fabricar nuevos arados y nuevas herramientas, pero, generalmente, esta demanda fue atendida por la pervivencia de las forjas tradicionales diseminadas por todo el país.

2. El sector textil: La mecanización de la industria catalana fue un importante componente de la demanda del hierro

3. El sector transportes: El desarrollo del transporte marítimo a vapor, que requería la construcción de buques con casco de acero, incrementó a lo largo del siglo XIX la demanda de productos siderúrgicos. La renovación de la flota española fue lenta. Hasta el año 1884 el tonelaje de los barcos de vapor no superó la de los barcos de vela.

Pero sin lugar a dudas el principal demandante de productos siderúrgicos en los procesos de industrialización del XIX fue el ferrocarril. Las expectativas despertadas a fines de los cuarenta y comienzo de los cincuenta se vieron defraudadas por la Ley de 1855. El artículo 20 de la Ley de Ferrocarriles de 1855 establecía la devolución a las compañías de ferrocarriles de los aranceles pagados por la importación de hierro, maquinaria, material móvil, etc

Se importó más del doble de lo que se producía en España. En 1865 se pone fin a la exención arancelaria. Esta medida animó a los productores.


Fases de desarrollo de la industria siderúrgica española en el siglo XIX

Tres zonas de producción siderúrgica: Andalucía, Asturias y el País Vasco. Tanto en Andalucía como en el País Vasco existían yacimientos de hierro .

El estallido de la primera guerra carlista en 1833 supuso la paralización de las forjas del norte. Esto supuso una excelente oportunidad para el desarrollo de la siderurgia andaluza.

La siderurgia andaluza acabó desapareciendo por la competencia que representó la siderurgia asturiana. El predominio de la siderurgia asturiana en el período reseñado se debe a reducción de los costes que suponía la proximidad a los yacimientos de hulla. por espacio de quince años, de 1865 a 1879. La aparición de la siderurgia asturiana coincide con el período en que se empezaba a discutir la necesidad de dotar al país de un ferrocarril. En la región asturiana la primera fábrica que entró en funcionamiento fue la de Mieres, en 1848, construida por una compañía británica. Se mantuvo en funcionamiento tan sólo un año. En 1852 de nuevo entró en funcionamiento, ahora con capital francés. Altos Hornos de Vizcaya.

La consolidadeción de la siderurgia vasca a fines del XIX y comienzos del XX tuvo lugar gracias a la legislación proteccionista y a la depreciación de la peseta, que encarecía las importaciones.

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