martes, 31 de marzo de 2009

Los desequilibrios regionales

España no es un país en el que se haya desarrollado uniformemente sus regiones. La especialización territorial de algunas actividades, y las crisis de ciertos sectores, han marcado profundas diferencias entre regiones y autonomías. Es necesario, pues, un esfuerzo de integración territorial para que no se incrementen estos desequilibrios.

España ha conseguido ser un país desarrollado, al menos en lo que a renta per cápita se refiere. Sin embargo, esta afirmación enmascara desequilibrios regionales muy importantes. En la década de los 60 fue uno de los países de mayor crecimiento económico; y tras la superación de la crisis del 1973 también ha tenido un crecimiento importante, que ha homologado su economía con la de los demás países europeos, lo que le ha permitido entrar en la Unión Europea. Desde 1970 España es uno de los 15 países más desarrollados del mundo. Pero esto se ha hecho a costa de una inflación muy alta que ha perjudicado a las clases menos pudientes, aumentando la desigualdad social. Esta desigualdad se ha solventado en la década de los 80 gracias al desarrollo de las prestaciones del Estado, ya que se ha desarrollado ampliamente el Estado del bienestar. El desarrollo económico ha hecho de la española una población mayoritariamente urbana. La alimentación, la sanidad y la educación son comparables a la de cualquier país desarrollado, sobre todo la pública.

Esta situación no debe ocultar que el desarrollo capitalista implica diferencias entre los individuos, los sectores, las clases y las regiones. Nos centraremos en los desequilibrios regionales de población, renta y producción.

De los casi 40.000.000 de españoles, que suponen una densidad media de 77 h/km2, la mayoría se concentra en las regiones del litoral y en Madrid. El resto del territorio tiene una densidad de población muy baja. Este desequilibrio se acentúa si nos fijamos en cómo está distribuida la población en cada zona. La mayor parte de la gente vive en ciudades, mientras que el medio rural está prácticamente despoblado, tras el éxodo de los años 60 y 70. Sólo las comarcas de la huerta murciana y valenciana, Tierra de Campos y el Páramo leonés son regiones rurales con una densidad de población superior a la media.

La renta nacional tiene los mismos desequilibrios. La provincia con una renta mayor es Baleares, fruto del turismo, y está muy por encima de provincias como Lugo, Cáceres o Zamora. La franja oeste y sur de España tiene una renta per cápita muy inferior a la de Madrid, Cataluña, Levante o Baleares. Regiones como Asturias o el País Vasco, que tradicionalmente fueron de las de mayor renta, han perdido posiciones, aunque siguen por encima de la media. A grandes rasgos, en una hipotética línea de Ribadeo a Almería, la España pobre quedaría al suroeste, exceptuando La Coruña y Vigo, y la España rica al noreste, exceptuando, Soria, Huesca y Teruel. Esta diferencia se debe a muchos factores, entre los que destacan las políticas de desarrollo de estas regiones y su mayor cercanía a los mercados europeos. En el centro de la península sólo Madrid constituye un punto más desarrollado, seguido muy de lejos por el eje Valladolid-Palencia. Esto no debe ocultar la existencia, en todas partes, de bolsas de subdesarrollo y zonas desarrolladas. Los desequilibrios regionales internos también son muy importantes. En general, la capital de la provincia crea un hinterlandPronunciado con hache aspirada: /hínterland/ de desarrollo en su contorno que llega hasta donde la capacidad económica le permite, a veces supera su provincia y otras no. En este modelo ha sido de vital importancia la creación de polos de desarrollo durante el franquismo, como el de Valladolid, Aranda de Duero, etc.

En la España menos desarrollada la agricultura es el medio básico de creación de riqueza, seguido de los serviciosy la industria. En la España más desarrollada encontramos dos modelos: las regiones donde la creación de riqueza está centrada en la industria, y seguida de los servicios y la agricultura; y las regiones en las que la creación de riqueza está centrada en los servicios, seguido de la industria y la agricultura. En las zonas de desarrollo industrial podemos distinguir las de modelo industrial clásico, que están en crisis y han sufrido un profundo proceso de reconversión, como Asturias, País Vasco o Sagunto; y las regiones de industria moderna, como Cataluña, Madrid, la costa gallega o Valencia. Las regiones en las que predomina el sector servicios son las zonas turísticas, y son las más ricas de España, como Baleares o Canarias.

En 1986 España entra en la CEE. Desde su entrada, la mayor parte del país, un 80%, ha estado recibiendo fondos de compensación para reducir las diferencias regionales. Es necesaria una política de compensación y solidaridad entre regiones, a través de las inversiones públicas. Pero no debemos olvidar que el desarrollo viene de la mano de la creación de capitales autóctonos, la inversión en industria y la explotación sostenible del medio.

SALDO MIGRATORIO

La emigración española y la inmigración actual

La emigración es un factor de corrección de las diferencias de densidad de población. La emigración puede ser voluntaria, por motivos económicos y forzosa. En España, históricamente, ha habido dos migraciones forzosas muy famosas, la expulsión de los judíos en 1492 y la expulsión de los moriscos en 1609. Pero nos centraremos en la emigración durante la Edad Contemporánea.

En el siglo XIX la mayor parte de los españoles emigraban a América. Era una constante desde su descubrimiento. Durante los años de las guerras de independencia americana este flujo se detuvo, pero una vez consolidados los nuevos Estados la emigración a América se reanudó con más intensidad que nunca. Los principales países receptores fueron Argentina, México, Brasil y Cuba. Es la emigración a países nuevos, en los que todo está por hacer y las oportunidades para hacer negocios es muy grande. La emigración a América se extiende desde 1846 hasta 1932, cuando los países americanos cambia de política, por la crisis de 1929. Tras la primera guerra mundial se reanuda esta emigración.

Al menos desde 1830 y hasta 1914 también se da la emigración golondrina a Francia. La emigración golondrina tiene carácter anual, se emigra para las campañas agrícolas y se regresa todos los años. También hubo una cierta emigración a África: Marruecos, Argelia, Guinea y el Sáhara.

Durante la segunda República se inicia la emigración interior, primero a las ciudades y luego a las regiones industrializadas, como Madrid, Cataluña, el País Vasco o Asturias. Este proceso dura hasta la guerra civil. Con el triunfo fascista salen de España millones de personas al exilio: a todos los países de Europa y a América.

La segunda guerra mundial hace detener los flujos migratorios en todo el mundo. Tras el fin de la segunda guerra mundial las autoridades franquistas, con su política autárquica, impidieron la emigración de España, pero la situación económica española era muy deficiente y la necesidad de mano de obra en Europa muy grande.

Cuando se permite la emigración de una España pobre y atrasada, la partida a Europa se hace masiva, sobre todo a Francia, Suiza y Alemania. El exceso de la fuerza de trabajo en España es el que falta el Europa. Los contingentes españoles en Europa son masivos, tanto los legales como los ilegales. A diferencia de épocas anteriores, la emigración americana es muy escasa, ya que estos países exigen inmigrantes cualificados. Los trabajadores que emigran a Europa son, en general, campesinos sin tierra con escasa cualificación. Este es el tipo de mano de obra que demanda el continente. No obstante, el saldo migratorio nunca fue superior a un millón de personas, ya que muchos de los inmigrantes volvían. Había un flujo de ida y vuelta. Quienes volvían traían consigo un pequeño capital que les permitía abrir un negocio en las ciudades. Entre esas pequeñas empresas destacan las dedicadas a la venta de electrodomésticos y su reparación, gracias a las técnicas especializadas aprendidas en el extranjero. El ciclo termina con el regreso a las ciudades españolas.

El éxodo rural

Además de la emigración a Europa, se produce un auténtico éxodo del campo a la ciudad. Con este éxodo rural la sociedad española se urbaniza definitivamente, y se asimila a cualquier otro país desarrollado. La corriente migratoria, primero se dirige del campo a la capital de la provincia, luego a las regiones industrializadas, y por último a Europa. Los que se crean en el franquismo también son zonas de inmigración.

Llamamos éxodo rural a un fenómeno de emigración masiva de los pueblos españoles que tuvo lugar en los años 60. El destino de estos emigrantes fueron las ciudades industriales de España: Barcelona, Madrid y País Vasco; y Europa. Gracias a ese proceso la población española pasa de ser mayoritariamente rural a ser plenamente urbana (más del 70%), el país se industrializa y las rentas del campo pueden sostener a las familias que viven de él.

A diferencia de las migraciones exteriores, que no suelen ser definitivas, las migraciones a las ciudades sí lo son, y raramente quien ha emigrado a un núcleo urbano regresa a su pueblo. Aunque vuelva durante los periodos vacacionales o tras la jubilación.

La emigración del campo a la ciudad no es un fenómeno exclusivamente contemporáneo, siempre ha tenido lugar, en mayor o menor medida, pero en la España del desarrollismo alcanzó cifras espectaculares, más de 300.000 personas al año. La corriente de urbanización definitiva había comenzado durante la segunda República, pero la guerra civil no sólo cortó el proceso, sino que hizo regresar a gran número de personas al campo, y es que en la larga posguerra y los años del hambre sólo la vida en el campo garantizaba un poco de pan, a costa de vivir miserablemente.

Estos espectaculares movimientos de población se explican por la situación económica que imperaba en el campo, y la necesidad del país de crear una industria y por lo tanto un proletariado industrial desvinculado del campo. Las labores del campo en los años 40 y 50 tenían un carácter temporal, y sus rendimientos eran muy bajos. Ello encubría situaciones de paro y trabajo estacional, ya que había gran número de jornaleros que sólo encontraba trabajo en las épocas agrícolamente activas: siembra y recogida, principalmente. Las situaciones de minifundio y latifundioagravaban el panorama laboral. Tras el Plan de Estabilización (1959) y el desarrollo de laconcentracion parcelaria las necesidades de mano de obra jornalera disminuyeron, y la falta de salida laboral impulsó a muchos de ellos a la emigración. La mecanización del campo fue definitiva, lo que contribuyó a que la emigración del campo también lo fuese.

Las provincias más afectadas por el éxodo rural son aquellas en las el proletariado rural era más numeroso: Badajoz, Córdoba, Jaén, Granada, Ciudad Real, etc. Es decir, Extramadura, Andalucía y Castilla-La Mancha. Un porcentaje importante de la emigración rural se asienta en la capital de su provincia, aunque la mayoría tendrán como destino ciudades extraprovinciales: Barcelona (más de 400.000), Valencia, Madrid, Bilbao, San Sebastián, Zaragoza y Alicante; y Europa.

Las consecuencias más llamativas del éxodo rural han sido: la despoblación del campo, el envejecimiento y el aumento del índice. La despoblación ha llegado al extremo de provocar el abandono pueblos enteros, y ha supuesto la disminución de los servicios para atender a determinadas poblaciones. Sólo en los últimos años, y gracias al aumento de la calidad de vida, los pueblos mejor comunicados han vuelto a tener más actividad y más servicios, gracias a las infraestructuras que monta el Estado. No obstante, gracias a la poca presión demográfica de determinadas regiones, se han podido construir muchas infraestructuras: pantanos y autopistas.

En la misma línea que la despoblación está el envejecimiento. La falta de personas jóvenes y parejas con hijos ha supuesto un aumento de la edad media. Pero lo más grave para la economía rural es el aumento de la edad de los empresarios y los trabajadores. La mayoría de los agricultores con explotaciones tienen edades cercanas a la jubilación y no tienen heredero que prosiga con su actividad, con lo que la explotación tendrá que cerrar.

El aumento del índice de masculinidad se debe a que si bien en principio la emigración era cosa de varones, el aumento de la oferta de puestos de trabajo en el sector servicios en las ciudades españolas atrajo a ingentes cantidades de mujeres desde los pueblos, dejando a estos sin el elemento femenino necesario para crear familias.

Todo esto nos presenta un país fundamentalmente urbano, que sólo mantiene en los pueblos a las personas que pueden vivir del campo y a aquellas que viviendo de trabajos urbanos se pueden desplazar a diario del campo a la ciudad.

El fin de la emigración y la inmigración actual

La corriente migratoria es menor a partir de 1967, ya que en Europa se exige una mayor cualificación a los inmigrantes, y se detiene a partir de la crisis de 1973. No sólo detiene la corriente migratoria, sino que provoca un proceso de retorno. Pero España también entra en crisis y el paro aumenta, aunque no de manera decisiva.

En la actualidad España es un receptor de emigrantes. Son personas jóvenes que no pueden sobre vivir en sus países de origen y están dispuestos a trabajar en condiciones y en trabajos que muchos españoles no aceptaríamos nunca. Se emplean normalmente en la agricultura (Almería, Murcia, Lérida, Barcelona), en la construcción (Madrid, Barcelona, País Vasco, Galicia) y en la minería (Asturias, León, Palencia).

Los países de origen de los inmigrantes son los países americanos (Ecuador, Colombia, Argentina, Brasil, Venezuela, México, Perú), los países africanos (Marruecos, Argelia, Cabo Verde y los países subsaharianos en general), los países del este de Europa (Rusia, Hungría, Polonia, Yugoslavia) y los países del lejano oriente (China sobre todo). También debemos contar aquí a los inmigrantes portugueses que vienen a trabajar. La política de restricción a la inmigración que hay en Europa provoca que muchos de estos inmigrantes no puedan entrar legalmente, y se jueguen la vida para conseguir llegar a España. Desde ese momento se ven obligados a vivir en condiciones marginales y a aceptar trabajos que están fuera de la legalidad.

No debemos olvidar otra inmigración totalmente nueva. No son trabajadores de los países menos desarrollados sino jubilados de los países ricos de Europa (Alemania, Francia, Gran Bretaña, Suecia). Estos inmigrantes se establecen en la costa mediterránea, Baleares y Canarias. Son personas con altos ingresos, para el nivel de vida español
Distribución de la población española
La distribución de la población en España tiene un modelo muy claro, se concentra en las regiones de la periferia y en Madrid, mientras que las regiones del interior están más despobladas. Sólo Lugo es una provincia periférica con baja densidad de población.

El crecimiento de Madrid se debió a la emigración del éxodo rural, no obstante en la actualidad crece por sí misma, por crecimiento vegetativo.

En el resto del interior sólo Valladolid tiene unas tasas de densidad de población algo más elevadas que las de su entorno.

La mayoría de las poblaciones con más de 10.000 habitantes se encuentra en la costa levantina, Barcelona y Valencia, demás de otras provincias como Sevilla, La Coruña, Asturias, Cádiz, Murcia y Pontevedra. Todos estas provincias tienen más de veinte municipios claramente urbanos, sin embargo en muchas provincias del interior sólo tiene carácter urbano la capital: Ávila, Cuenca, Soria, Teruel, Palencia, Guadalajara, etc. Hay, pues, un notable desequilibro entre el interior de la península y sus costas. No obstante, la mejora de las comunicaciones, debido a la necesidad de enlazar Madrid con la costa, ha proporcionado a estas provincias del interior buenas perspectivas, ya que es posible vivir en ellas y trabajar en los grandes centros, como ha ocurrido en el caso de Ciudad Real y Madrid y Sevilla.

Las regiones con más población son Cataluña, Baleares, el País Vasco, Asturias, y los antiguos polos de desarrollo. Son las regiones más industrializadas y ricas.

Las ciudades son las que más población acumulan, desde los años 60. El 78% de los españoles viven en núcleos urbanos. Pero en los últimos tiempos se han detectado fenómenos de dispersión en torno a las grandes ciudades. Son personas que huyen de la aglomeración urbana pero que no desean alejarse mucho, en general están dentro del isócrono de los 30 minutos. Son personas que tienen un nivel adquisitivo por encima de la media, ya que necesitan el coche privado para desplazarse. En general, van buscando vivir en un entorno algo más natural, y a ser posible con un precio del suelo más barato, aunque en muchas de las urbanizaciones que se construyen esto no está conseguido, y encima faltan servicios.

La población y la sociedad española actual es una comunidad plenamente desarrollada, con los problemas de cualquier país europeo rico.

martes, 17 de marzo de 2009

REGIONES TURISTICAS EN ESPAÑA


El crecimiento del turismo a partir de los años sesenta se explica por causas externas e internas. Entre las causas externas destacan los cambios demográficos, sociales y económicos ocurridos en Europa después de la Segunda Guerra Mundial: la consolidación de la clase media, que mejora su poder adquisitivo y puede destinar parte de sus ingresos a las vacaciones; la generalización del automóvil, los ava
nces de la aviación comercial y la aparición de los vuelos charter.
En cuanto a las causas internas destacan: la proximidad geográfica de España al resto de Europa; las características del clima español, seco y soleado; la abundancia de playas; la diversidad del paisaje y el atractivo cultural (monumentos históricos, museos, tradiciones populares, gastronomía, etc); el bajo valor de la moneda española frente a las divisas europeas, que hacía barata la estancia de turistas de poco poder adquisitivo; el interés del estado español por diversificar la economía, hasta
entonces orientada casi exclusivamente a la producción agrícola.

El turismo nació en el siglo XVIII como una actividad económica marginal realizada por aristócratas movidos por el placer de viajar o por razones culturales (fascinación por la civilización grecolatina o la cultura medieval). La importancia del turismo en la economía española comenzó a ser significativa a partir de los años sesenta del siglo XX, en que dejó de ser elitista para ser practicado por amplios sectores de la población. El turismo propició el despegue económico de España, compensando sus ingresos el déficit tradicional de la balanza comercial española. Aporta aproximadamente el 11% del PIB por lo que es uno de los pilares de la prosperidad española. El desarrollo del turismo de masas se apoya en una abundante demanda de medio y medio-bajo poder adquisitivo, a la que se oferta hoteles y apartamentos de categoría intermedia situados en la playa.

En España, dado el modelo turístico imperante desde los años sesenta basado en el consumo de sol y playa, los espacios que cuentan con mayor afluencia de visitantes son aquellos que reúnen las mejores condiciones climáticas. Se trata de las zonas turísticas de alta densidad, situadas en la costa mediterránea, Canarias y Baleares. Junto a ellas están
las zonas turísticas de media y baja densidad, generalmente en el interior del país, con una oferta de servicios más variada: capitales culturales y comerciales, ciudades monumentales, estaciones de esquí, turismo rural, etc.

martes, 10 de febrero de 2009

FUERTE INDUSTRIALIZACIÓN, SOBRE TODO VASCA

Fundamentalmente la industria Vizcaína. Aparece una industrialización muy fuerte, sobre todo en la margen izquierda del Nervión y en la zona minera.
En el País Vasco hay una antiquísima tradición siderúrgica. De manera que al hilo de la existencia de este mineral, sobre todo en Vizcaya, aparecen las ferrerías. En un principio funcionaban con aire, luego con carbón vegetal, mineral y a partir del XII aparecen las hidráulicas. El último cuarto del s.XIX hay un muy fuerte impulso industrial. Esto sucede por:

1.-
En primer lugar la abolición de las aduanas del Ebro. El País vasco comerciaba libremente con Europa y pagando con el resto de España. Por esto no era favorable, ya que el 90% o más se comerciaba con el resto de España. Por tanto la abolición aduanera mejora la actividad económica Vasca.

2.-
Otro factor es el fin de la Guerra Carlista, que evidentemente va a favorecer la actividad económica.

3.-
En Bizkaia había una fuerte acumulación de capital porque se exportaba gran cantidad de mineral de hierro, sobre todo a Inglaterra. Se establecía una línea comercial marítima importante con ciudades de Inglaterra, sobre todo con Cardiff
.
Esa línea llevaba mineral de hierro. El barco por muy poc o dinero podía traer carbón inglés ya que el viaje estaba pagado. El carbón inglés era mejor y más barato que el asturiano. Por lo tanto de este comercio hay una fuerte acumulación de capitl que ayuda a industias modernas.

4.-
También había una fuerte acumulación de capital de antiguas siderurgias Vizcaínas que se invierte en nuevas industrias

5.-A partir del 60 el convertidor Bessenber, artilugio que consigue obtener acero muy útil para la fabricación de barcos, raíles, puentes... El Bessenber consigue elaborar acero pero para ello necesita hierro no fosfórico. Y casuñamenre el Vizcaíno era no fodfórico. Y la instalación de los Bessenber en Vizcaya en los 80 ayuda al fuerte empuje industrial. En los 90, aparece el Siemens-Martin, más eiciente u no necesrta hierro no fosfórico. Esto podía haber supuesto el declieve de la industria Vizcaína, sin embargo no va a ser así. El capital obtenido pronto se va a invertir en un amplio abanico(metalurgia de transformación, astilleros, navieros, seguros, finanzas, banca (banco Bilbao), en eléctricas, (mucho)) Esto produce que no ocurra nada.

6.-
A comienzos del XX se fusionan varias empresas dando lugar a “altos hornos de Vizcaya”. Esto producía hasta copmienzos de los 60 más del 60% del consumo español.

Fases en el desarrollo industrial

Los contratiempos de la guerra de la Independencia y otras sublevaciones llevaron a un claro estancamiento industrial de 1808 a 1830; a partir de este momento hasta la llegada del bienio progresista (1854-56) tuvo lugar el comienzo de la nueva industria, en especial de la textil y la del hierro, apoyado todo ello por la política arancelaria. En el primer período (1830-1861) se produce el arranque de la industrialización española. El segundo período (1861-1913) y que se inicia con la gran crisis de los años sesenta. Después se produjo un crecimiento fuerte de 1871 a 1875, para disminuir con posterioridad. El crecimiento en los últimos decenios del siglo XIX fue constante, aunque lento. Entre 1831 y 1861 el crecimiento industrial español fue considerable. A partir de este último año experimenta una desaceleración. La misma debe relacionarse con la frustración de las expectativas levantadas por las inversiones realizadas en la década (1854-1864), especialmente las inversiones ferroviarias. El fracaso de dichas inversiones estuvo relacionado con la limitación que suponía lo reducido del mercado interior.

Lo mismo puede decirse de la dependencia provocada por las grandes aportaciones de capitales franceses e ingleses a la economía española, que resolvieron la escasez de capitales que dificultaba el desarrollo español. Gran Bretaña fue el principal proveedor español de maquinaria, bienes de equipo y combustible y constituyó el principal mercado de nuestros productos mineros y metalúrgicos. En definitiva, las economías francesa e inglesa funcionaron como motor para la industrialización española; cuando estas economías ralentizaron su crecimiento, especialmente a partir de 1873, la economía española, dada su dependencia, se resintió gravemente.

Características de la estructura industrial española

En 1848 comienza a funcionar el primer alto horno de coque, y en 1855 se funda la sociedad Maquinista Terrestre y Marítima, dedicada a la industria mecánica. El proceso de industrialización va unido a una concentración geográfica intensa. En el norte se ubicará la industria del carbón, del hierro y del papel. En Cataluña la industria textil, atrayendo gran cantidad de inmigrantes.

DESARROLLO DEL SECTOR TEXTIL

El crecimiento de la producción agraria en el XVIII y la elevación de precios agrarios posibilitó la acumulación de capitales, que en muchos casos serían invertido en la creación de fábricas de “indianas” (nombre que recibían los tejidos de algodón). El desarrollo de esta producción fue posible por la protección que los fabricantes obtuvieron de la Corona. La prohibición de importar hilados y tejidos de algodón reservó el mercado interior a los fabricantes catalanes. Más adelante consiguieron también el control del mercado colonial a cambio de proveerse con materia prima producida en las colonias.
La guerra de la Independencia supuso un duro golpe para esta industria. Además durante este período la pérdida de las colonias continentales privó al sector de importantes mercados.


La modernización del sector lanero

Al margen del sector algodonero y dentro del textil, durante el siglo XIX se produjo también la modernización del sector lanero.
Al final del período 1900 habían emergido dos grandes núcleos de la industria lanera: Sabadell-Tarrasa.
La concentración en Sabadell y Tarrasa es consecuencia de una localización privilegiada: el ferrocarril facilitaba el acceso a los puertos cercanos. Además se solucionó el problema del abastecimiento de materia prima mediante la creación de un depósito de lanas en 1871

LAS DIFICULTADES PARA EL DESARROLLO DE LA SIDERURGIA

El desarrollo de la siderurgia en España estuvo condicionada hasta fines del siglo XIX por las limitaciones de la demanda, que se da básicamente en tres sectores: sector agrario, industria y sector transportes.

La demanda: componentes y evolución

1. La demanda del sector agrario: Las desamortizaciones permitieron poner en cultivo nuevas superficies. Fue necesario fabricar nuevos arados y nuevas herramientas, pero, generalmente, esta demanda fue atendida por la pervivencia de las forjas tradicionales diseminadas por todo el país.

2. El sector textil: La mecanización de la industria catalana fue un importante componente de la demanda del hierro

3. El sector transportes: El desarrollo del transporte marítimo a vapor, que requería la construcción de buques con casco de acero, incrementó a lo largo del siglo XIX la demanda de productos siderúrgicos. La renovación de la flota española fue lenta. Hasta el año 1884 el tonelaje de los barcos de vapor no superó la de los barcos de vela.

Pero sin lugar a dudas el principal demandante de productos siderúrgicos en los procesos de industrialización del XIX fue el ferrocarril. Las expectativas despertadas a fines de los cuarenta y comienzo de los cincuenta se vieron defraudadas por la Ley de 1855. El artículo 20 de la Ley de Ferrocarriles de 1855 establecía la devolución a las compañías de ferrocarriles de los aranceles pagados por la importación de hierro, maquinaria, material móvil, etc

Se importó más del doble de lo que se producía en España. En 1865 se pone fin a la exención arancelaria. Esta medida animó a los productores.


Fases de desarrollo de la industria siderúrgica española en el siglo XIX

Tres zonas de producción siderúrgica: Andalucía, Asturias y el País Vasco. Tanto en Andalucía como en el País Vasco existían yacimientos de hierro .

El estallido de la primera guerra carlista en 1833 supuso la paralización de las forjas del norte. Esto supuso una excelente oportunidad para el desarrollo de la siderurgia andaluza.

La siderurgia andaluza acabó desapareciendo por la competencia que representó la siderurgia asturiana. El predominio de la siderurgia asturiana en el período reseñado se debe a reducción de los costes que suponía la proximidad a los yacimientos de hulla. por espacio de quince años, de 1865 a 1879. La aparición de la siderurgia asturiana coincide con el período en que se empezaba a discutir la necesidad de dotar al país de un ferrocarril. En la región asturiana la primera fábrica que entró en funcionamiento fue la de Mieres, en 1848, construida por una compañía británica. Se mantuvo en funcionamiento tan sólo un año. En 1852 de nuevo entró en funcionamiento, ahora con capital francés. Altos Hornos de Vizcaya.

La consolidadeción de la siderurgia vasca a fines del XIX y comienzos del XX tuvo lugar gracias a la legislación proteccionista y a la depreciación de la peseta, que encarecía las importaciones.

SITUACIÓN DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA A COMIENZOS DEL SIGLO XIX

A comienzos del siglo XIX se salía de la guerra de la Independencia que dejó al país en clara penuria. La sociedad era eminentemente agraria y la propiedad de la tierra estaba en manos de unos pocos. La exportación no estimulaba la producción interior y todavía existía un claro desprecio a los trabajos manuales.

Causas del atraso español

Entre las causas por las cuales España se retrasa en la incorporación de nuevas técnicas propias de la revolución industrial son múltiples. A una relativa escasez de productos naturales, se une una carencia muy acusada de espíritu empresarial, con un pobre mercado interior y una falta de recursos reales para financiar el proceso de industrialización con unas técnicas que tienen que importarse.

CARACTERÍSTICAS DE LA INDUSTRIALIZACIÓN ESPAÑOLA

a) Fuerte regionalización de los grupos industriales
b) Dependencia de la expansión de tales grupos – a excepción de la industria textil – de las iniciativas o de las inversiones extranjeras.
c) Eliminación de la competencia extranjera gracias al principio de mercado reservado y la aplicación de altas tarifas aduaneras
d) Dependencia del extranjero por lo que se refiere a materias primas, utillaje e innovaciones técnicas
e) Sumisión de la industria a las fluctuaciones de la actividad agrícola del país, principal fuente de riqueza del mismo, hasta pleno siglo XX.

Nos hallamos ante un caso típico de industrialización tardía en un área mediterránea con escasa densidad demográfica, defectuoso reparto del suelo agrícola, débil capacidad de consumo, bajo nivel técnico y notoria deficiencia del sentido económico moderno.